María Murnau, Manual para incendiar el paraíso

Tengo que hacer una entrevista a una escritora sobre feminismo. Muy conveniente para el Día de la Mujer. Miro lo que ha enviado la editorial. Me leo la biografía que viene en las pastas del libro. No pone el año, ¿Qué edad tendrá la autora? Es graduada, así que de los 90′. Ha hecho un Grado y un Máster en género. Vale. Colabora con entidades nacionales e internacionales. Bien. Me pongo a buscar algo de información para preparar correctamente la entrevista. María ha escrito cuatro libros y tres de ellos en el último año, tiene influencia en redes sociales,que es donde casi siempre hoy empieza todo. ¡Y es Espasa quien publica este libro! A veces me siento vieja, o de otra época. Empiezo a adquirir los discursos que escuchaba con ocho años de la generación de mis padres. Puede ser.

En las notas para prensa me encuentro con unas palabras de la autora. Van en la línea de la reflexión, de la rabia que no se ha vivido, de la lucha que tenía sentido hace casi más de 70 años, pero que ahora resultan fuera de lugar. Bueno. A ver qué me dice. Sï, estoy escéptica.

La entrevista es telefónica. María, con voz joven y contenta, con ganas de comerse el mundo, me habla de su proceso, de lo importante que es para ella que la gente reflexione de su día a día de lo que vive de forma cotidiana. Empieza a desarrollar un discurso bien construido, entiende la política de su momento y se maneja con las palabras del movimiento feminista. Hablamos de como España, y especialmente Madrid, ha sido bandera de todo esto en los últimos años y que ahora ya no tanto que quizás porque tenemos un gobierno progresista que se dedica a pensar en políticas de igualdad ya no necesitamos tanto salir a la calle.

Cuando le pregunto por el futuro las fuerzas feministas se desinflan “Estoy preparando otro proyecto editorial, es pronto para hablar de él, pero irá sobre medio ambiente”. ¿Casualidad o revolución? Cierto oportunismo sostenible que empieza a inundar los discursos cuando pierde fuelle el feminismo…

Todo esto sin entrar en detalles de la calidad literaria y una edición de bolsillo con la idea de contemporaneidad por textos subrayados y algo deslavazados. Literatura y estructuras del siglo XXI.

El texto es fresco, actual, casi como una conversación entre amigas con frases coloquiales y cercanas que incluyen al lector en un lenguaje a veces agresivo, otras disruptivo. Un tono que intenta captar nuestra atención de forma continua, pero que en ocasiones cuesta pensar que sea escrito. Se recogen lugares comunes y hay mucho de la autora puesto en él.

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