Museos y Coronavirus

Por Paloma Rodera

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La actual crisis provocada por la pandemia de la COVID-19 ha hecho que la sociedad haya cambiado su modo de vida y relación ante la situación de control de la curva de contagios a nivel mundial y al estado de alarma en el que vive la población española desde el pasado mes de marzo de 2020 con el consecuente confinamiento.

Esta situación ha provocado cambios estructurales aunque transitorios, que ha generado la reflexión, de la que los museos son también parte.

El cierre físico de las instituciones museísticas nos hace pensar en su papel como mediadores entre los biene culturales y ciudadanía. Ya en la Constitución española de 1978 se establecen una serie de preceptos que reservan a los poderes públicos la promoción y la tutela del acceso a la cultura.

En la ley 16/1985, de 25 de junio, de Patrimonio Histórico Español se busca asegurar la protección y el fomento de la cultura material. Además, los bienes de esta cultura material deben estar adecuadamente puestos al servicio de la colectividad; se ha de garantizar su conservación, promover su enriquecimiento y fomentar el acceso de la ciudadanía.

También en la norma se exige velar por la difusión internacional del conocimiento de los bienes del patrimonio español y recuperar aquellos que hayan sido exportados de forma ilícita.

Con estas leyes se garantizan las funciones del museo, como institución pública que es, a proteger los bienes culturales, a la facilitación de su acceso y a velar por el legado a las generaciones futuras.

Además de la legislación nacional, España es un país que subscribe tratados y acuerdos internacionales que se posicionan en la defensa del patrimonio como los tratados para la protección del patrimonio arqueológico o los aprobados en materia arquitectónica. También existen otros convenios relacionados con infracciones en materia de bienes culturales, protección del paisaje o sobre la puesta en valor del patrimonio paea la sociedad europea.

No sólo a nivel europeo, si no que a nivel mundial, la UNESCO, en materia de preservación del patrimonio cultural cuenta con organismos especializados como son el ICOM, el ICCROM o el ICOMOS. Todos ellos ofrecen una protección jurídica al Patrimonio Cultural que ratifican la importancia del poder mediador de las instituciones museísticas con la sociedad y que están secundadas por España.

Nuestro país cuenta con una serie de niveles de protección jurídica del patrimonio histórico que se establece en un total de tres. Un primer nivel de protección de bienes considerados parte del Patrimonio español. Un segundo nivel de aquellos incluidos en el Inventario General de Bienes muebles. Y un tercero que implica los llamados BIC (Bienes de Interés Cultural).

Además de unos regímenes especiales de protección para patrimonio eclesiástico, arqueológico, etnográfico, documental y bibliográfico.

Cabe señalar nuestro Reglamento de Museos donde se establecen normas relativas a horarios de apertura, acceso a público general de un mínimo de treinta horas semanales o la posibilidad de ofrecer guías a un precio asequible para los visitantes.

Todas estas medidas se relacionan directamente con la necesidad de atender las funciones de las instituciones museísticas con la vocación del servicio público.

La cuestión relativa al legado de las colecciones de los museos está tratada en los códigos deontológicos que establecen la importancia de destinar recursos a ese legado dado por personas en el pasado para que sea entregado y transmitido a generaciones en el futuro. Se demuestra y se afirma en documentos de organismos internacionales como los museos contribuyen a la mejora de la calidad de vida de todos, tanto a las sociedades actuales como a las futuras. Por este motivo, se requiere el cuidado y la protección hacia lo que nos es entregado para conservarlo en condiciones adecuadas para su disfrute por las sociedades en el presente y para las sociedades futuras.

Con la evolución tecnológica y la aparición y universalización del uso de internet, los museos han empezado a tener una presencia digital que ha permitido que ese acceso al patrimonio adquiera una dimensión nueva.

Esta presencia en internet se manifiesta en estos días de crisis por la pandemia en la renovación para presentar sus colecciones de los museos que buscan una interacción mayor con el público que en estas semanas no puede acceder físicamente a las sedes físicas.

Desde la presentación de recorridos específicos por los fondos de la colección del museo, al conocimiento de técnicas de conservación y restauración; piezas comentadas por trabajadores de las instituciones o el incremento de modos participativos a través de actividades educativas y lúdicas a través de las webs de los museos, concursos en redes sociales o cursos online gratuitos en plataformas de formación.

Los museos ya han tenido esa digitalización previa con iniciativas como CER.ES que constituye una plataforma de visibilización de las colecciones. Además de la utilización de los recursos digitales para ofrecer esas visitas virtuales, publicaciones preparadas para descargar, guías didácticas como apoyo docente, la consulta de colecciones a través de imágenes en alta calidad de las piezas, etc.

Esta presencia en internet ha abierto, sin duda, un mundo de posibilidades para la revisión y ampliación de las funciones de acceso al patrimonio cultural, así como a la función educativa ofreciendo nuevas vías de comunicación entre usuarios e institución. Y, desde luego, en un futuro como el actual, incierto en lo que a las relaciones físicas se refiere, es una herramienta esencial para la divulgación del patrimonio que ha demostrado en casos como las más de dos millones de visitas a la web del Museo Nacional del Prado.

Lo cierto es que, tal  y como ha comentado en su reflexión sobre la situación el actual director del Museo Nacional Centro de Arte Reina SOfía, Manuel Borja-Villel, será necesario buscar nuevos modelos museísticos que en una vuelta a la normalidad, con sus cambios en exposiciones abarrotadas de turistas, puedan compensar las actuales pérdidas económicas en ventas de entradas y fomentar otras facetas de acceso del patrimonio donde internet y todas las posibilidades que ofrece serán, sin duda, una baza a tener en cuenta, pero que nunca van a sustituir, si no más bien, complementar, una experiencia estética de la visita física del museo.

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